Pero…
¿Qué está sucediendo en esta época?
¿Dónde están aquéllos que deben ser
las luminarias de hoy? Si somos francos, no se ven. A decir verdad
estamos viviendo los tiempos más oscuros de la humanidad
y "la luz que hay en los Cristianos de México es tinieblas.
¿Cuántas no serán las mismas tinieblas?"
Pecamos
de una terrible IRRESPONSABILIDAD.
Las
advertencias de juicio y devastación predichas en la Biblia
no se creen, a pesar de que las vemos con nuestros ojos naturales.
El infierno que está devorando a la gran mayoría
de las personas que mueren diariamente, no se tiene presente como
un peligro inminente. La gente enfervorizada con sus ídolos
cae delante de nosotros, y no nos inmutamos. ¿En qué
estamos pensando? ¿Por qué nos hemos hecho tan indiferentes
a la miseria y perdición eternas?
Nadie
toma la responsabilidad. Nadie se siente responsable de parar
todo esto. Unos piensan que los otros deben hacerlo. Los que con
sus diezmos engordan al autonombrado pastor que mantienen. Piensan
que es Su responsabilidad. Los cristianos jóvenes sienten
que no están preparados para levantarse y les corresponde
a los adultos. Los mayores sólo ven sus compromisos mundanos
y piensan que los jóvenes deberían levantarse porque
son fuertes.
Las
mujeres piensan en los hombres, y los hombres en las mujeres.
De esta manera gira implacable la rueda del tiempo y aproximadamente
1000 mexicanos se van al infierno cada día.
¿A
esta desolación maquillada con cultos, eventos musicales,
rituales y entretenimientos le podemos llamar Iglesia de Jesús?
Por cierto que no. Son en todo caso "las ovejas" engordadas
de la matanza. ¡Esto debe acabar yá!
Hermano
y amigo. Dios te necesita a tí ahora. Despójate
de todo peso y del pecado que te asedia y corre la carrera que
tienes por delante. No mires tus limitaciones, sino fija tus ojos
en Cristo y su ejemplo. ¡Hazlo yá, en tanto que se
dice hoy! ¡Mientras Dios está cerca y puede ser hallado,
de lo contrario, tendrás que vivir el resto de tu vida
en la tibieza y muerte a la que estás acostumbrado, y después...!
Deseamos
invitarle a que lea y considere este escrito con meditación,
para que le lleve a hacer decisiones definitivas en su vida. Ese
es nuestro anhelo y oración.
A
t e n t a m e n t e
Los
Editores
DIOS
TE NECESITA AHORA
Por: David Wilkerson
MENSAJE
Algunas
veces me pregunto si no hemos sobrepasado la maldad de Sodoma
y Gomorra. En realidad, yo creo que si te pudieras ganar la confianza
de un hombre del senado, y que a solas te mostrara su corazón,
te confesaría, "estamos peor que lo que cualquiera
se pueda imaginar. No hay esperanza. Las cosas están fuera
de control y es sólo cuestión de tiempo para que
nuestros problemas nos entierren".
Los
ecólogos han venido a ser los agoreros modernos del día
final. Según ellos nuestro planeta se está desintegrando.
Las lluvias ácidas están acabando los bosques; la
capa superior de la tierra está desapareciendo; los bosques
están siendo talados; la capa de ozono se está evaporando.
Con los cambios tan drásticos del clima y el hambre que
se ha experimentado últimamente, parece que nos estamos
encaminando a una catástrofe natural.
Hay
tantas malas noticias, tantas advertencias, tanta crisis nerviosa,
que no podemos asimilarlo todo, así que simplemente decidimos
darles la vuelta. Para la mayoría de las personas la televisión
ha venido a ser un escape de la realidad. Otras se vuelven al
alcohol y a las drogas para adormecer la mente y encontrar un
descanso temporal.
Los
cristianos ven crecer la conspiración satánica en
América y no pueden creer que esté sucediendo tan
aprisa y tan abiertamente. En la Ciudad de Nueva York los homosexuales
se están volviendo cada vez más activos y violentos.
Los
políticos, los economistas, los escritores y las masas
que viven en Nueva York dicen, "Esta ciudad se está
yendo derechito al infierno. El mismo diablo se ha hecho el rey
y la ciudad está muriendo rápidamente".
Creo
que a la mayoría de los cristianos que viven aquí
les gustaría escapar a algún escondite seguro y
tranquilo en las montañas para evitar ser corrompidos por
toda la iniquidad que les rodea. Muchos desesperados dicen, "Qué
puede hacer un cristiano con toda esta degradación moral?
¿Qué puede hacer una iglesia en una ciudad tan grande,
tan perversa y tan salvaje? Yo tengo bastante con quedarme cerca
de Jesús, para no ser arrastrado con la marea…
"¿Habrá
algo que un insignificante cristiano como yo pueda hacer? No tengo
dinero, ni entrenamiento, ni experiencia, ¡solamente un
gran amor a Jesús!"
A
menudo esperamos que Dios se mueva de una de estas dos formas:
Enviando un derramamiento sobrenatural de Su Espíritu Santo
para que barra a las multitudes y las meta en Su reino; o, enviando
un juicio que ponga a la gente de rodillas o los destruya.
Pero,
amado, este no es el método de Dios para cambiar las cosas
en el día malo. Su manera de restaurar las ruinas ha sido
siempre usando hombres y mujeres comunes y corrientes a quienes
El ha tocado. ¡El lo hace llenándolos de Su Espíritu
Santo y enviándolos a la batalla con gran fe y poder!
¡Dios
usa gente, no ángeles, para proclamar Su Palabra a los
perdidos! ¡Sin embargo, el Señor no ha hecho mucho
con los pecados de esta generación porque aún no
ha encontrado creyentes lo suficientemente desesperados para buscar
la llenura de Su Espíritu Santo y el poder!
La
iglesia ha sido engañada en los últimos cincuenta
años por hombres que buscaban el poder de Dios para su
fama y gloria personal. Forraron sus bolsillos de dinero y se
dieron títulos arrogantes: "Lleno de Fe y Poder",
"El Hombre del Momento", "El Hacedor de Milagros"
-¡dando sus bendiciones por una tarifa-! Yo llamo a esto,
indulgencias carismáticas.
Hicimos
pequeños dioses de ellos y los idolatramos. ¡Ahora,
estamos dando el mismo "status" a una nueva generación
de profetas!
No
es de sorprender que el diablo siga sin inmutarse, burlándose
y sin impresionarse con todo ese hablar de poder y autoridad en
la iglesia. ¡La iglesia ha hecho algo perverso! Como Israel,
hemos deseado un rey humano. ¡Los cristianos se sientan
en las congregaciones y observan al pastor o al evangelista hacer
lo que todos los creyentes están llamados a hacer!
Pero
ahora el Espíritu Santo está tirando a todas las
estrellas y destronando a todos los reyes religiosos. ¡Está
destruyendo imperios espirituales y, literalmente, vomitando de
Su boca a todos los ministerios idolátricos!
DIOS
ESTA HACIENDO COMO HIZO EN EL PRINCIPIO, ¡ESTA HACIENDO
DOS MOVIMIENTOS IMPORTANTES!
Primero,
está levantando un ministerio apostólico, santo,
que consiste en hombres totalmente entregados a la Palabra y a
la oración. No se imponen con nadie. ¡Son hombres
que claman -que en sus corazones no tienen ningún plan-,
sino que buscan, escuchan y obedecen a Dios!
Segundo,
Dios te está llamando a ti al servicio inmediato. Necesita
gente común y corriente, las ovejas. El utiliza a gente
que los sumos sacerdotes llamarían "hombres sin letras
e ignorantes" (Hch. 4:13).
La
Biblia dice también que en Pentecostés, en el Aposento
Alto, "fueron todos llenos del Espíritu Santo"
(Hch. 2:4) ¡Todos llegaron a ser poderosos en batalla, todos
fueron testigos poderosos y valientes! En estos creyentes llenos
del Espíritu Santo, no sólo se incluye a Pedro,
a Santiago, a Juan y a los otros discípulos conocidos,
sino también a las viudas, a los jóvenes, a los
siervos y a las siervas.
Sabemos
que Esteban fue lleno del Espíritu Santo, "lleno de
gracia (fe) y poder" (Hch. 6:8). El no era un apóstol,
ni un ministro ordenado. En realidad el fue escogido para servir
las mesas a la iglesia para que los apóstoles se pudieran
dedicar a la oración y al ministerio de la Palabra. ¡Esteban
era un hombre común lleno del Espíritu de Dios!
¿Y
qué acerca de Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas
y Nicolás, los cuales sirvieron las mesas? ¡Todos
eran ovejas! Las Escrituras dicen que eran "llenos del Espíritu
Santo y de sabiduría" (Hch. 6:3).
Felipe
también era una oveja y alguien que servía las mesas.
El también estaba lleno del Espíritu Santo. Las
Escrituras nos cuentan que fue a Samaria donde predicaba en las
calles, oraba por los enfermos, echaba fuera demonios y creía
que el Señor levantaba a los cojos e inválidos.
"Y la gente unánime, escuchaba atentamente las cosas
que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que
hacía… Así que había gran gozo en aquella
ciudad" (Hch. 8:6,8).
¡El
plan de Dios para salvar Samaria era un hombre lleno del Espíritu
Santo y de poder! ¡Felipe era un hombre tan humilde, tan
lleno de Jesús, que pudo dejar las grandes obras en Jerusalén
y en Samaria, e ir por la guianza de Dios, a un hombre en el desierto!
(Ver Hch. 8:26-40).
¿Como
va Dios a testificar a Nueva York, la Babilonia moderna, una ciudad
llena de crimen, drogas, homosexualidad, odio, violencia e impiedad?
No lo va a hacer por medio de grandes predicaciones, no importa
que convincentes e incisivas sean. No lo hará por medio
de juntas de iglesia, ni por medio de una poderosa adoración
o una vívida alabanza, ni siquiera porque el Espíritu
Santo sacuda la casa.
¡Dios
se proclamará en Nueva York de la misma manera que espera
hacerlo en tu ciudad o colonia -¡a través del testimonio
de todo el que salga al camino y a las calles a predicar Su evangelio!-
El
testimonio de Dios aquí en Nueva York no es que tengamos
iglesia en un teatro en Broadway. No es que tengamos una reunión
llena. No es que experimentemos la gloria o una increíble
lluvia de bendiciones. Es a través de hombres y mujeres,
viudas, desempleados, ricos y pobres igualmente ¡todos,
ovejas que el Señor sacude!
¡Tu
eres el testimonio de Dios para tu ciudad! El usa ovejas que van
solamente con El, que tienen sus corazones conmovidos, que lo
buscan en oración, y le rinden sus corazones. ¡Que
como Felipe siguen adelante, llenos del Espíritu Santo,
gracia (fe), y poder!
Si
Dios no te ha estado usando es probablemente porque no has sido
utilizable. Esto es lo que les pasa a los creyentes que son atrapados
"contemplando la gloria".
Los
discípulos quedaron extasiados por la gloria cuando Jesús
fue llevado al cielo. Ellos se podrían haber quedado ahí
para siempre, disfrutando el dulce resplandor, pero el ángel
del Señor les censuró amorosamente "Por qué
estáis mirando al cielo? (Hch. 1:11)
Hay
un peligro en desear estar sentado dentro de la iglesia "contemplando
la gloria". Jesús le dijo a sus discípulos,
"Esperen en Mi. Ustedes necesitan el Espíritu Santo
y el poder. ¡Necesito que sean Mis testigos!"
QUITEN
SUS OJOS DE LOS TIEMPOS Y LAS ESTACIONES QUE ESTAN SOLAMENTE EN
EL PODER DEL PADRE.
Tan
pronto como los discípulos oyeron acerca de recibir el
bautismo de poder, preguntaron: "¿Señor, restaurarás
el reino a Israel en este tiempo?" (Hch. 1:6). Jesús
les contestó en términos que no dejaban lugar a
duda: "No os toca a vosotros saber los tiempos y las sazones,
que el Padre puso en su sola potestad" (V. 7).
Detente
a pensar lo que implicaba su pregunta: "¿Señor,
quieres decir que vas a empezar a restaurar el reino de Israel
en esta pieza, solamente con nosotros? ¿Somos nosotros
los que vamos a derrotar a Herodes y a Roma? ¿Somos los
que vamos a limpiar la tierra, a establecer el reino y a producir
Tu venida?"
Sabemos
que Jesús tuvo que tratar en algunos de sus discípulos
con su deseo de liderazgo y autoridad. Pero, yo siento algo más
en su pregunta, algo que iba más allá de su deseo
por un lugar y por autoridad. ¡Era una necesidad humana
de estar involucrado en algo grande, en el destino final! Era
un deseo de ser especial -de ser la gente correcta en el momento
preciso-.
Tal
vez en sus corazones los discípulos habían estado
diciendo, "¿Señor, dónde estamos nosotros
en Tu plan profético? Sería un gran incentivo espiritual
saber que estamos en el fin de una dispensación y que está
a punto de amanecer un nuevo día. Que felices estaríamos
si nos permitieras saber que estamos viviendo y ministrando en
un día decisivo -que nos estás usando para llevarlo
a cabo nosotros mismos-!"
Santos,
este mismo deseo de ser gente de un gran destino está,
hasta cierto punto, en todos nosotros. Pero la respuesta de Jesús
a esto fue clara, "No os toca a vosotros saber los tiempos".
Jesús
no está buscando hombres de destino o constructores del
reino. ¡El sólo quiere testigos de Sí mismo!
El está diciendo, "El asunto no es ‘la hora
profética’, o algún destino importante asignado
para ti. ¡Yo debo tener testigos en esta presente generación!"
¡Esto
me condena profundamente! Como muchos hoy en día, quiero
saber en dónde estamos en este preciso momento en el reloj
profético de Dios: ¿Por qué está cayendo
el comunismo? ¿Cuándo sucederá el colapso
económico? ¿Estamos a punto de entrar en la tribulación?
¿Está Dios juntando su último remanente?
¿Estamos a punto de ver caer juicios sobre Nueva York y
en América?
Entonces
oigo a Jesús decir, "No te corresponde a ti saber.
Espera en Dios. Se lleno del Espíritu Santo. ¡Toma
el poder de Dios y luego ve y testifica!"
En
el Antiguo Testamento Dios no hizo nada hasta que advirtió
a su pueblo a través de Sus profetas. En el Nuevo Testamento
El nos dice, "Porque Moisés dijo a los padres: El
Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre
vuestros hermanos como a mí; a él oiréis
en todas las cosas que os hable" (Hch. 3:22).
¡Ese
profeta es Jesús! Y El está diciendo, "Quita
tus ojos de los tiempos y las estaciones y deja de estar jugueteando
con los pensamientos del destino. ¡Toma el poder de Dios
para testificar de Mi a tu presente generación!"
Santos,
todos los profetas del Antiguo Testamento están muertos.
Pablo está muerto, los apóstoles están muertos
-¡Dios sólo te tiene a ti y a mí para testificar
del poder de Cristo!-.
Debemos
vivir en un estado vigilante, esperando anhelantes con nuestras
lámparas preparadas y encendidas. Debemos desear y anhelar
Su venida. Debemos predicar Su venida y advertir acerca de Sus
juicios -¡Pero antes, y más importante, debemos ser
Sus testigos!-.
Dudamos
en predicarles a los judíos porque pensamos que puede no
ser el tiempo profético adecuado. Nos preguntamos, "¿Se
está cumpliendo ya el tiempo de los gentiles? ¿Caerá
pronto el Espíritu de Dios sobre el Israel natural y les
quitará el velo de sus ojos?"
¡Se
que esto ha obstaculizado mucho al ministerio de la iglesia para
los judíos! Queremos saber si es correcto proféticamente
para no desperdiciar nuestros "esfuerzos". Sin embargo,
Jesús contesta, "No os corresponde saber los tiempos
¡Solamente testifica!"
No
hemos experimentado un impedimento profético, ni nos ha
obstaculizado la dureza de corazón de los que oyen. Ha
sido que nos ha faltado el deseo de trabajar. ¡No hemos
tenido suficiente poder de Dios en nosotros para ir a alcanzar
a los perdidos!
¡Queremos
avivamiento, bendiciones, derramamientos, sacudimientos! ¡Queremos
quedarnos en la iglesia pidiendo que baje la gloria de Dios sobre
nosotros! ¡Queremos oír más predicaciones!
Esto está bien, pero Jesús dijo, "Recibiréis
el Espíritu Santo. Les será dado poder para ir y
testificar".
Nos
queremos regocijar en la presencia gloriosa del Señor -y
Su presencia aumentará según lo busquemos-. Pero
debemos recordar lo que hace que El y todos los cielos se regocijen:
"Habrá más gozo en el cielo por un pecador
que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan
de arrepentimiento" (Lc. 15:7). "Hay gozo delante de
los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente"
(Lc. 15:10).
Si
oramos por un derramamiento poderoso del Espíritu Santo
sobre el cuerpo de Cristo, debe dar como resultado un cuerpo de
testigos poderosos yendo por todas partes, trayendo a Jesús
a los perdidos.
SE
NECESITA MAS QUE AMOR A JESUS Y COMPASIÓN POR LAS ALMAS
PERDIDAS PARA SER CALIFICADO COMO SU TESTIGO
Los
que fueron llamados al Aposento Alto amaban a Jesús profundamente.
Eran compasivos, sacrificados, amantes de las almas. Pero todavía
no estaban calificados para ser Sus testigos.
Habían
sido enseñados en la escuela de Cristo. Habían sanado
enfermos y echado fuera demonios. Habían hecho milagros.
Habían visto a Jesús revestido con Su gloria eterna
en el monte.
Habían
estado cerca cuando sudó gotas de sangre. Le habían
visto colgado en la Cruz y habían visto Su tumba vacía.
Lo habían visto resucitado. Habían comido con El
y hablado con El en Su cuerpo glorificado. ¡Aun le habían
visto ascender al cielo! ¡Sin embargo, aún no estaban
listos para testificar de El!
¿Por
qué no pudo Pedro ir a esas multitudes que se arremolinaban
en Jerusalén y testificarles inmediatamente de Su resurrección?
¿No había sido testigo de primera mano de ese evento?
¿No podía predicar, "¡Jesús vive!
¡El ascendió al cielo! ¡Arrepiéntete!"?
¡La
diferencia se encuentra en el poder del Espíritu Santo!
Pedro
hace una declaración poderosa a los principales sacerdotes:
"Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también
el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen"
(Hch. 5:32).
Por
las palabras del Espíritu Santo -hablando a través
de Pedro- los sacerdotes "Se enfurecían y querían
matarlos" (Hch. 5:33). El Espíritu Santo también
habló a través de Pedro el día de Pentecostés
y todos los que oyeron "se compungieron de corazón"
(Hch. 2:37)
Esteban
lleno del Espíritu Santo, les predicó a los líderes
religiosos: "¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón
y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu
Santo; como vuestros padres, así también vosotros…
Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían
los dientes contra él." (Hch. 7:51,54).
Cuando
sales de haber buscado a Dios, lleno del Espíritu Santo,
puedes pararte con valor delante de compañeros de trabajo
de familiares -de cualquiera- y tu testimonio provocará
una de dos cosas: O, gritarán, "¿Qué
debo hacer para ser salvo?" O, literalmente, ¡querrán
matarte! Hablarás una palabra que divida el corazón.
HAY
UN AVIVAMIENTO Y UN DERRAMAMIENTO QUE ESTA DE ACUERDO CON LA PALABRA
DE DIOS.
Si
lo buscas en la construcción te vas a desilusionar. Si
hubieras visitado el Aposento Alto unas horas después que
sopló el viento y de que cayó el fuego y que se
sacudió el edificio -queriendo experimentar algo milagroso-
te ibas a desilusionar.
Mira,
el viento del Espíritu Santo sopló sobre todas las
personas y las llevó a las calles -al patio del templo
y a las plazas-. Podrías haber preguntado, "¿Dónde
está el avivamiento, el viento sobrenatural? Me gustaría
experimentar algo de este sacudimiento del que he oído
hablar. ¿Se siente como un pequeño terremoto? ¿Puedo
ver algo de esas lenguas de fuego?", ¡Pero habrías
sido enviado afuera!
¡Te
habrían señalado a los 120 testigos en las calles,
predicando a Jesús en el poder del Espíritu Santo!
¡Ahí estaba el avivamiento -y siempre ha sido así-!
¡Ese es el derramamiento ¡El viento, el fuego, el
Espíritu -está ahora en los testigos de Dios-!
Si
Dios bendice esta iglesia con otro Pentecostés -un tiempo
de avivamiento y de frescura del cielo- la Palabra se esparcirá.
La gente curiosa se acercará preguntando, "¿Bueno,
donde está? ¿Qué podemos ver? ¿Qué
podemos sentir? ¿Se cae la gente bajo el poder de Dios?"
¡No
lo vas a encontrar en la alabanza ni en la adoración! No
lo vas a encontrar en emociones especiales -danzando en el Espíritu
o siendo conmovido bajo el poder-. Todas éstas son experiencias
maravillosas, pero pueden ser falsificadas e imitadas en la carne,
y hay pocos hoy en día que puedan discernir la diferencia.
¡Si
hay un derramamiento de acuerdo al plan de Dios, no lo vas a encontrar
en la iglesia! ¡Tendrás que ir a conjuntos habitacionales,
escuelas, al Metro, los sitios de trabajo, las oficinas, los mercados!
¡Lo vas a encontrar en la cámara de oración!
En
esta clase de derramamiento vas a encontrar muchas casas donde
los santos están ayunando, orando y llorando, clamando
a Dios por Sus hijos y por los no salvos. ¡Verás
a los testigos yendo a todas partes hablando en el poder del Espíritu
Santo!
¡Recibes
el Espíritu Santo y lo haces! ¡Esto es un derramamiento!
No es una hoguera en la iglesia. Son 20, ó 200, ó
2000 fuegos pequeños encendidos por toda tu ciudad o tu
colonia.
¡JESUS
SERA NUESTRO PROFETA!
"Porque
Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios
os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a
mí; a él oiréis en todas las cosas que os
hable" (Hch. 3:22).
Si
estas buscando a un profeta verdadero en estos tiempos finales,
el Espíritu Santo te guiará solamente a Jesús.
El profeta resucitado de estos últimos días habla
desde la gloria, a todos los que se toman el tiempo de escucharlo.
Multitud
de cristianos están hoy corriendo de un lado para otro
buscando un profeta para obtener unas migajas de bendición
o dirección. ¡Amado, yo he encontrado mi Profeta!
¡Es Jesús! Y la Biblia dice, "¡Escúchalo
en todas las cosas!"
Hay
una fuerte advertencia para todos aquellos que no hacen caso de
esto: "Y toda alma que no oiga a aquel profeta, será
desarraigada del pueblo" (Hch. 3:23).
Hay
tantas vidas que están siendo destruidas; la fe de muchos
está naufragando. Hay pocos que quieran oír al Profeta
verdadero -prefieren tener el cosquilleo en sus oídos-
producido por autonombrados profetas que no son más que
unos agoreros.
Un
verdadero profeta debe alinearse detrás de Samuel y de
todos los que le siguieron -para bendecir al pueblo- "a fin
de que cada uno se convierta de su maldad" (Hch. 3:24,26).
Los verdaderos profetas no buscan ser respaldados por señales,
maravillas o milagros. No tratan de ganarse tu confianza revelándote
secretos. Ellos te enseñan la diferencia entre lo santo
y lo profano, haciéndote arrepentir de tu pecado. ¡Ellos
te vuelven a Jesús para arrepentimiento!
ADVERTENCIA
DE JUICIO.
Te
estarás diciendo, "Has hablado mucho de testificar
pero, ¿Y qué de advertir acerca de los juicios venideros?"
Ciertamente,
he dicho a menudo que Dios nos mandó a Nueva York para
levantar un remanente y para advertir a esta ciudad sobre el juicio
venidero. ¿No deberíamos ahora invadir la ciudad
con libros y literatura llenos de advertencias sobre el colapso
económico, las bombas de hidrógeno, las luchas raciales,
la escasez de alimentos y desgracias repentinas?
¡No!
Todo esto puede suceder, y probablemente sucederá -pero
este no es el juicio mayor-.
El
verdadero juicio viene de rechazar a Cristo. "Toda alma que
no oiga a aquel profeta será desarraigada del pueblo"
(Hch. 3:23) ¡Este mismo juicio cae sobre cristianos tibios
que rehusan oír la voz de Jesús!
Cuando
el Espíritu Santo viene toma tu corazón, te redarguye
de pecado, de justicia y de juicio. Así es como lo hace.
El viento de Su Espíritu nos lleva a las calles a predicar
a Jesús resucitado y a advertir a la gente, "¡Si
no escuchas a Jesús y te arrepientes, vas a ser destruido
de entre la gente!"
Como
va Dios a traer esta destrucción, es cuenta Suya. Este
es el juicio que debemos predicar: "El que en él cree,
no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque
no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de
Dios.
"Y
esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los
hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus
obras eran malas" (Jn. 3:18,19).
Los
testigos que vayan llenos del poder del Espíritu Santo,
que traigan la luz de Jesús, también van a traer
juicio sobre todos los que se nieguen a escuchar y que se apeguen
a su maldad.
Amado,
Este es el juicio, igual que ha sido en todos los tiempos: rechazar
a Cristo. Sin embargo, si ponemos atención a la voz de
nuestro Profeta, Jesús, ¡nuestra oración más
sincera es que muchos escuchen y se arrepientan!