Studd,
precisamente en su juventud, comprendió lo que implicaba
ser cristiano, y su corazón sintió la urgencia de
obedecer la gran comisión de su Salvador. Pero no sucedía
lo mismo en la mayoría de los supuestos cristianos de entonces.
Siempre tenían suficientes excusas y argumentos para no
hacer lo que sabían que tenían que hacer. Las misiones
pedían hombres y los hombres sentían que su llamado
era quedarse en Inglaterra. Todos querían cantar pero nadie
quería sufrir. Los africanos agonizaban sin ayuda espiritual
y las denominaciones se engordaban en congresos y cultos innecesarios.
No había respuesta a la necesidad. Los hombres, bien capacitados
para suplirla, no lo hacían, porque les implicaba sufrimiento
y negación.
Nadie
vaya a pensar que las cosas son mejores hoy, de lo que fueron
hace un siglo. Al contrario. En la actualidad la situación
se presenta todavía más patética. Aun los
buenos libros y artículos de misioneros hay que desenterrarlos
de un montón de revistas, cassettes, libretos y cd's de
estrellas del llamado cristianismo de hoy. ¿Responder a
la terrible necesidad del mundo sin Cristo? Eso está más
allá de lo que los varones de hoy siquiera puedan considerar.
Las mujeres manifiestan mas dedicación y compromiso que
los hombres y eso es algo vergonzoso que cualquiera puede observar.
Desde luego, los hombres no se dan por aludidos.
¿Dónde
están los verdaderos hombres? ¿Dónde están
los varones que Dios puede usar, que no van a escatimar nada por
servir a su generación?
El
escrito que ponemos en sus manos nos hará reflexionar.
No importa que tan buenos sean los argumentos con los que cada
quien quiera convencerse, ya sea el movimiento prestigiado o la
denominación a la que se pertenezca. Mientras exista a
nuestro alrededor la necesidad que todos conocemos y vemos con
nuestros propios ojos, sabremos en lo más íntimo
de nuestro ser que nos engañamos y que ninguno que no se
niegue a sí mismo y tome la cruz cada día no puede
ser discípulo de Cristo.
A
t e n t a m e n t e
Los
Editores
EL
SOLDADO DE CHOCOLATE
Heroísmo,
el acorde perdido del cristianismo
Por:
C.T. Studd.
¡El
heroísmo es el acorde perdido, la nota que falta en el
cristianismo actual!
¡Todo
verdadero cristiano es un héroe! ¡Un soldado sin
heroísmo es un soldado de chocolate! ¿Quién
no es incitado al desdén y a la burla con la simple idea
de un soldado de chocolate? En tiempo de paz, los verdaderos soldados
están como leones cautivos, inquietos dentro de sus jaulas,
en cambio, la guerra los libera y los envía como a estudiantes
contentos al final del día escolar, a obtener el deseo
de su corazón o a perecer en el intento ¡El aliento
vital del soldado es la batalla! La paz lo vuelve asmático
y jorobado, mientras que la guerra le devuelve la vitalidad contagiosa.
¡Le da el corazón, la fuerza y el vigor de un héroe!
TODO VERDADERO CRISTIANO, ES UN SOLDADO DE CRISTO
¡Un
héroe por excelencia! Valiente entre los valientes, que
se burla de las seducciones de la paz y sus repetidas advertencias
contra las dificultades, enfermedades, peligro y muerte, cosas
que el valiente considera sus mejores amigos.
¡El
cristiano que no es así, es un cristiano de chocolate!
Que se disuelve en el agua y se derrite al olor del fuego. ¡Son
golosinas, bombones, caramelos! Que pasan sus vidas sobre una
charola de porcelana o en una cajita de dulces, cada uno envuelto
suavemente, en un papelito con bordes recortados para preservar
su preciosa y delicada textura.
“Dice:
“Yo voy, Señor” y no fue”, dijo que iría
a los paganos, pero en lugar de hacerlo, se quedó con los
cristianos.
“Ellos
dicen y no hacen”, mandan ir a otros, pero ellos no van.
En
la batalla de Sebastopol, un cabo mandó a un soldado raso
para que arreglara una defensa militar. “Nunca mande a otro,
a hacer lo que usted mismo tiene miedo de hacer”, le dijo
el general Gordon al cabo, mientras él mismo saltaba sobre
el parapeto de la trinchera para componerla.
Para
el Cristiano de Chocolate, el sólo hecho de pensar en la
guerra le produce un violento ataque de nervios, y el llamado
a la batalla lo deja paralizado. Dice: “Realmente soy paralítico”,
“Quisiera hacerlo, pero sólo puedo cantar”.
He aquí algunos de mis versos favoritos:
Que
me lleven al cielo
sobre
camas de flores,
que
otros conquisten el premio,
a
través de mares de horrores.
¡Seguid
vuestra marcha! héroes cristianos,
que
nosotros también avanzamos
aunque
no a la misma batalla.
¡Deteneos!
Cuidad a los niños
mimadlos
con muchos cariños
alimentadlos,
vestid en pañuelo,
a
los bebes que están en el suelo.
Hacedlo
sin tregua, no deben parar
hasta
que de gorditos
no
puedan ni andar
Coro:
Dejadnos
deambular
en
paz dejadnos dar
vueltas
y vueltas en la guardería,
niñeras
somos, en vez de infantería.
Dulces,
pasteles y demás
en
nuestros platos deben estar
porque
lo mas deleitoso,
no
nos debe faltar.
Gracias
al buen Señor, decía una frágil y anciana
señora, ¡“Dios nunca quiso que yo fuera una
gelatina” y en verdad no lo era! Dios jamás ha sido
y nunca será un fabricante de chocolate.
Los
hombres de Dios siempre son héroes. En las Escrituras se
pueden hallar sus gigantes huellas sobre las arenas del tiempo.
NOE
Caminaba
con Dios y no sólo predicaba la justicia, sino que la practicaba.
Pasó por el agua y no se disolvió, se enfrentó
a la opinión general de su época, desdeñando
tanto el odio como la mofa de quienes se burlaban de la idea de
que existiera un sólo camino para ser salvos. Noé
les advirtió a los incrédulos del juicio de Dios,
y una vez que entró en el arca, no abrió la puerta
ni una pulgada, ya que Dios la había cerrado. He ahí
un verdadero héroe inconmovible ante el temor al hombre.
Aprende
a desdeñar de los hombres sus elogios,
aprende
a perder con Dios;
Jesús
conquistó el mundo sufriendo vergüenza,
y
a todos nos invita a seguir su senda.
ABRAHAM
Fue
un sencillo campesino que al escuchar las palabras del Dios invisible,
se marchó con su familia y su ganado, a través del
terrible desierto hacia una tierra lejana, para vivir en medio
de un pueblo cuyo idioma no hablaba ni entendía. ¡Qué
tal! Y más tarde hizo algo mejor. Marchó de prisa
contra un ejército de cinco reyes aliados, enaltecidos
por su reciente victoria, ¡todo para rescatar a un sólo
hombre! ¿Su ejército? Sólo unos 318 hombres
equipados para la aventura, ¡Y ganó! “El que
se une con Dios siempre gana”. ¡Qué intrepidez!
¡Era sólo un campesino sin preparación alguna
para la guerra! No obstante: ¿Qué héroe ha
superado esa hazaña? ¿Y cuál fue su secreto?
Abraham era amigo de Dios. Ese fue su secreto abierto.
MOISES
Llamado
el hombre de Dios, fue una especie de camaleón humano.
Erudito, general, legislador, líder, etc. Criado como nieto
del rey, tenía muchas posibilidades de llegar al trono,
para lo cual sólo había un obstáculo: “La
verdad”. ¡Qué decisión más difícil!
¡Qué tentación! ¡Un trono a cambio de
una mentira! La ignominia, el exilio, o bien la muerte, a cambio
de la verdad. ¡Hizo el papel de hombre!
“Rehusó
llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser
maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales
del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo,
que los tesoros de los egipcios...” (Heb. 11:24-26)
Lo
veo de nuevo... Ahora viejo y solitario, marchando imperturbable
de regreso a Egipto, después de cuarenta años de
exilio, a enfrentarse al león en su guarida, a liberar
a los esclavos del Faraón frente a sus propios ojos, y
conducirlos a través del inmenso y peligroso desierto.
¡Un
proyecto que requiere esfuerzo, y sobrepasa a cualquier otro!
¡Los designios de Dios siempre han sido así! Mira
el Jordán, a Jericó, a Gedeón, Goliat, y
a muchos más. Los Proyectos fáciles llevan otra
marca: ¡La de la Brigada de Chocolate! ¡Cuánto
aman sus escondrijos y aún así se consideran sabios!
Los verdaderos cristianos se deleitan en aventuras de gran riesgo
por Cristo, esperando grandes cosas de Dios e intentando las mismas
grandes cosas con regocijo. En la historia no se han podido igualar
las hazañas de Moisés. ¿Cómo lo hizo?
No consultó con carne y sangre. No obedeció a ningún
hombre, sino a Dios.
Y
de nuevo veo al anciano de barba gris, bajando esta vez del monte
a grandes zancadas, precipitándose al campamento, con los
ojos flameantes como carbones encendidos. Un sólo hombre
contra dos millones de danzantes, desenfrenados en el libertinaje.
¡Bravo! ¡Bien hecho viejo! ¡De primera! Su rostro
no palidece, pero su boca se mueve y creo escuchar las palabras:
“Si Dios está por mí, ¿quién
contra mí? No temeré a diez millares de hombres
que se hayan puesto en contra mía. Aún si un ejército
acampe alrededor de mí, no temerá mi corazón”.
Y no temió ¡Nuevamente ganó Moisés!
¿De dónde tal valor y heroísmo? Escucha lo
que Dios dice de él: "Y aquel varón Moisés
era muy manso, más que todos los hombres que había
sobre la tierra" (Nm. 12:3)
El
Señor habló cara a cara con Moisés, como
hablamos nosotros con un amigo: “No así a mi siervo
Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré
con él....” (Nm. 12:7-8) Tal es la afirmación
acerca de Moisés, el camaleón, el hombre y amigo
de Dios; por consecuencia, un héroe de primera clase.
DAVID
David,
cuyo corazón era conforme al de Dios, fue un hombre de
guerra y de mucho valor. Cuando todo el ejército de Israel
se acobardó, él enfrentó a Goliat -sólo...
con Dios- siendo apenas un muchacho y además bien regañado
por su hermano mayor, por haberse acercado al campo de batalla.
¡Qué necio más grande fue su hermano Eliab!
Como si David sólo hubiera ido a ver una batalla y no a
luchar. Eso es para los soldados de chocolate. Los que sólo
van a ver las batallas y tranquilamente incitan a otros a pelear.
Sería
mejor que guardaran el dinero del viaje y lo emplearan para enviar
a los verdaderos guerreros. Los soldados no necesitan niñeras,
les basta el Espíritu Santo, siempre presente y dispuesto
a cuidarlos en cualquier necesidad con una simple petición.
¡No! ¡David fue a la batalla, se quedó a luchar
y ganó! Sabio por encima de su juventud, no tenía
necesidad de la armadura que utilizaba Saúl, porque restringía
su libertad de actuar... Se la midió y tan pronto como
se la midió, se la volvió a quitar. Además,
rechinaba tan horrible al caminar, que le hubiera impedido escuchar
la apacible y delicada voz de Dios, diciéndole: “¡Por
aquí es el camino a la cañada David, ahí
están las cinco piedras lisas! Confía sólo
en mí. ¡Tu honda, hecha con tu mano servirá
perfectamente, y ahí está el atajo hacia Goliat!”
LOS CHOCOLATES habían huido, (pues todos eran de chocolate),
pero David arremetió contra Goliat. Una sola piedra lisa
bastó.
El
secreto de David consistió en que sólo tenía
un director y éste era infalible. Dios dirigió la
piedra así como al joven. Varios capitanes en un equipo
echan a perder el partido y si hay dos, sobra exactamente uno.
Por eso Cristo dijo a sus soldados: El os guiará a toda
la verdad.
“Este
es mi Hijo Amado: a El oid”. (Mr. 9:7)
“Un
solo mediador, entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.
(1 Ti. 2:5)
“Un
solo director del cristiano” El Espíritu Santo, cuyas
instrucciones indiscutiblemente requieren obediencia inmediata,
sin depender de la aprobación de los hombres.
Al
diablo se le ataca con balas ardientes provistas por la fundidora
del Espíritu Santo... El se ríe de balas frías
o tibias; y usar las que son una mezcla de hierro y arcilla, medio
divinas y medio humanas, es como lanzarle bolas de nieve.
¿De
dónde provenían la resolución y la destreza
de este inexperto joven? No fue de cursos militares, escuelas
teológicas o retiros espirituales. ¡Basta conocer
sólo al Dios verdadero y a Jesucristo! Pablo decidió
conocer sólo a Jesucristo, ¡Y vean que resultado!
Mientras otros aprendían teorías bonitas, David,
así como Juan, habían estado a solas con Dios en
el campo, practicando contra osos y leones. ¿El resultado?
Conocía a Dios y hacía proezas. Lo miraba sólo
a Él, confiaba, y le obedecía. Ese era el secreto,
sólo Dios da fuerzas. Dios mezclado con hombres implica
la debilidad del hierro y la arcilla... chocolate, ¡fragilidad!
David
era un héroe. Sin embargo, ¡Ay de él! Una
vez jugó el papel de soldado de chocolate. Se quedó
en casa, cuando debía ir a la guerra. Su ejército,
lejos y en peligro, luchando contra el enemigo, ganó la
batalla. Mientras que David, a salvo en su hogar, cerca de la
casa de Dios y aún frecuentándola, sufrió
la gran derrota de su vida, ocasionando una cosecha tan amarga
de por vida, que bien pudiera disuadir a otros de cometer la tontería
de sembrar esa clase de semillas silvestres. El pecado de David
es un tremendo sermón (Como debiera haber sido la predicación
de Lot en Sodoma) Su tema: ¡“No seas un soldado de
chocolate”!
Mediante
una sencilla, rápida y completa confesión, David
recobró otra vez su vigor. Se necesita ser un verdadero
hombre para realmente confesar. Un soldado de chocolate dará
excusas o encubrirá su pecado. Resbalará en el fango,
se revolcará, limpiará su boca tratando de quitar
el mal sabor de la mentira consumada y se engañará
diciendo: “No he cometido iniquidad”. ¡El tal
será un suicida insensato! Matando la conciencia para guardar
la dignidad. Como Balaam que azotó a su asna cuando trataba
de salvarle la vida. El ser un soldado de chocolate casi le cuesta
la vida a David. ¡Cuidado!
NATAN
Fue
otro verdadero soldado de Cristo. Él fue a reprocharle
a su rey de frente, como lo hizo Pedro con Ananías (sólo
que David aprovechó la oportunidad y confesó), no
como los soldados de chocolate de hoy, que se la pasan murmurando
y se niegan a juzgar, reprochar, o a quitar de en medio lo malo
por miedo a un posible escándalo.
Ellos,
acobardados dicen: “No es nada ¡Nada en absoluto,
apenas una equivocación! Como si la causa de Dios sufriera
más por una declaración abierta en defensa de la
verdad y por el uso de la espada, que por esconder el pecado y
permitir el desarrollo mortífero en los miembros, causando
así la muerte para el cuerpo entero.
“El
que hace justicia es justo”, “El que peca es del diablo”,
y uno debe decirlo. El que cae y vuelve a ser llevado cautivo
por el diablo, no necesita ni vendajes ni ungüento, sino
de un justo que lo reprenda con firmeza y lo exhorte a que se
arrepienta. Hoy en día necesitamos mucho de personas como
Natán, que le temen solo a Dios y no a cualquier escándalo.
DANIEL
¡Por
supuesto! Fue otro héroe ¿Acaso no era el hombre
amado de Dios, a quien mandó un ángel para decírselo?
Me
gusta observarlo mientras se dirige al foso de los leones con
paso firme y cara radiante, parando sólo una vez, como
su Señor rumbo al Calvario, para confortar al emperador
que estaba llorando y agonizando. Dios obró a favor de
Daniel, cerrando la boca de los leones, pero la abrió para
aquellos que habían hablado en contra de su siervo.
A
un hombre se le conoce por sus obras, y las obras de Daniel eran
sus tres amigos, quienes prefirieron enfrentarse al horno de fuego
antes que inclinarse delante de los hombres o de la imagen de
oro.
Ve
a Daniel otra vez, ahora en el salón del banquete, mientras
se oye el susurro del que lo conduce: “Sé amable
Daniel, sé diplomático...” “Posición
y poder te esperan si eres discreto y sabio; sobre todo si eres
discreto”. Y ahí va la sencilla respuesta de Daniel:
“¡Fuera, Satanás!” Después lo
podemos ver delante del rey, enfrentando la tortura o la muerte
inmediata, pero fue el rey quien vaciló, no Daniel, quien
le dice directamente toda la calcinante verdad de Dios, sin quitarle
una sola palabra
JUAN
EL BAUTISTA
Fue
un hombre enseñado, hecho y enviado por Dios, un buen tipo.
¡Juan! ¿Quién no lo ama y admira? ¡Hasta
Herodes! No tenía pelos en la lengua, ni endulzaba sus
palabras. No tenía ni una gota de aceite, ni de melaza
en su composición, pues siempre enfatizaba la pura verdad.
Como amaba, así advertía, no sabía adular.
Cortejaba con la espada, y por eso los hombres lo amaban más.
Siempre es así.
Los
líderes religiosos mandaron interrogar a Juan con la pregunta
que tanto gustaban de hacer: ¿Con qué autoridad
haces estas cosas (buenas)? Lo mismo le preguntaron a Cristo,
y lo crucificaron por haberlas hecho. La respuesta de Juan fue
sencilla y mordaz. Les responderé lo que preguntan y más.
(Juan era siempre sincero) “¿Yo? Yo no soy nadie,
pero ustedes y sus maestros son una generación de víboras”.
¡Que contestación! Juan siempre ponía sal
a sus palabras. Era un hombre que hablaba con libertad y audacia,
un hombre de Dios que: ¡No era ni golosina, ni soldado de
chocolate!
De
igual manera, se enfrentó a Herodes después de seis
meses en una celda subterránea, donde actuaba como un hombre
de la “misión de Dios al aire libre”. Llevado
ante el rey, rodeado de todo el poder y la majestad de la corte,
parpadeando por la desacostumbrada luz, pero de ninguna manera
vacilando ante la verdad, dejó escapar la ardiente y tronante
reprensión:
“No
te es lícito tomar esa mujer por esposa”. Todo un
sermón en una frase, tan fácil de recordar como
imposible de olvidar. Juan había predicado así antes.
Como Hugh Latimer, no menospreciaba el repetir palabra por palabra,
un buen sermón a un rey, cuando éste había
hecho caso omiso de sus advertencias.
Juan
recibió tanto de Dios como del emisario de Satanás;
la distinción única de ser un personaje sobresaliente.
Escucha al Salvador, que se permite una explosión de exquisito
sarcasmo, acerca de aquello que la gente pensaba de Juan. ¿Qué
salieron a ver al desierto, una caña sacudida por el viento?
¿Un hombre vestido de ropa fina? ¿Un cristiano de
Chocolate? ¡Qué delicia! Los chocolates se encontraban
precisamente ahí delante de Jesús, fariseos, saduceos,
sacerdotes, escribas, abogados y otros hipócritas. ¡Cómo
se divertiría la muchedumbre! “¿Un profeta?
¡Si, os digo, y mucho más que un profeta! De hombre
nacido de mujer no hay uno mayor que Juan”. Y ¿Qué
dijo el enviado del diablo cuando oyó de Jesús,
después de la muerte de Juan? “Es Juan levantado
de la muerte”. ¡Qué personaje! ¡Imagínate,
alguien confundiendo a Jesús con otro! Con el único
que pudiera ser confundido, con Juan. Nadie le envidiaría
esa honra, la tenía bien merecida. Aunque de veras era
un gran honor porque Juan era un hombre puro, sólido, sin
una sola pizca de chocolate.Si
Juan hubiera oído decir a Jesús: “Ustedes
me serán testigos hasta los confines más remotos
de la tierra”, no creo que la cárcel de Herodes o
sus soldados, lo hubieran podido detener. Seguramente habría
encontrado la manera de escapar y habría salido a predicar
el evangelio de Cristo, sino en el mismo corazón del África,
entonces en otra parte más difícil y peligrosa.
Pero Cristo dijo refiriéndose al don del Espíritu
Santo que seria dado a todo creyente: “El que es el menor
en el reino de Dios, es mayor que Juan,” dando a entender
que poderes aún más grandes están a la disposición
de todo cristiano y que todos nosotros podemos ser lo que era
Juan: Bueno, directo, intrépido, invencible y heroico.
PABLO
Pero
he aquí otras huellas profundas que sólo pueden
ser de un hombre “único”. La más grande
de las paradojas cristianas, el pequeño gigante Pablo,
cuya cabeza era tan grande como su cuerpo y su corazón
más que los dos. Por un tiempo, creyó y trató
a todo cristiano como una combinación de tontos y locos.
Luego, él mismo se volvió como ellos. Se le llamaba
“tonto” porque su comportamiento estaba fuera de los
límites del raciocinio humano y “loco” por
su ardiente celo por Cristo y los hombres.
Pablo
fue un intelectual de primera, pero supo utilizar su intelecto,
pues lo dejó de lado, anunciando que la sabiduría
de los hombres no era más que insensatez, por lo cual determinó
conocer sólo a Jesucristo y a Él crucificado.
¿El
resultado? Volvió el mundo al revés, lo trastornó.
Su vida consistía en arriesgarse continuamente por Dios.
Se
enfrentó diariamente a la muerte por Cristo. En repetidas
ocasiones se paró firme ante los que anhelaban su sangre.
Compareció
delante de reyes y gobernadores sin vacilar. Ni siquiera titubeó
ante Nerón, el vicepresidente del infierno. Sus sufrimientos
fueron espantosos.
Léelos.
Siguió los pasos de su Maestro y recibió los mismos
cumplidos que su Señor, porque Dios siempre es fiel y justo
en sus recompensas.
“Todos
lo abandonaron”. Pues en aquel entonces también había
algunos cristianos de chocolate. Tuvo que haber sido de chocolate
quien abandonó a Pablo. Por supuesto, los chocolates se
excusaron como lo hacen hoy en día.
¿Quién
podría soportar a un tonto tan fanático y ferviente?
¿De carácter tan testarudo? ¡Nadie podía
colaborar con él, ni él con nadie! (¡Qué
mentira! Jesús lo hizo, y formaron un buen equipo).
Un
entusiasta sin diplomacia, consideraba que era responsabilidad
suya decirles a todos la cruda verdad, sin tener en cuenta las
consecuencias.
Se
graduó sin competencia ni escuela. ¡Y qué
grado! Un hacha al cuello, superado sólo por la cruz.
Y
así continúa el relato. Donde sea que leas en las
Escrituras o libros de historia, encontrarás que quienes
realmente conocían a Dios y no sólo lo confesaban,
eran invariables ejemplos de valor y de esperanza, atrevidos por
la causa de Jesús, arriesgándose por Dios.
“Tontos
y locos”, les gritan el mundo y los chocolates. “Sí,
por causa de Cristo” agregan los ángeles.
Noblemente
lucharon por ganar el premio,
ascendieron
las escarpadas alturas del cielo,
a
través del peligro, penas y dolor.
¡Concédenos
la gracia, Señor
para
nosotros también imitarlos!
Por
lo menos, los cristianos de chocolate de hoy, Pueden hacer alarde
de antiguos linajes.
CHOCOLATES A LA RUBEN
Hay
“Chocolates a la Rubén” que escudriñan
sus corazones y hacen también grandes resoluciones, pero,
por alguna razón, permanecen entre los “rebaños”,
oyendo las melodías de sus amados pianos y coros eclesiásticos.
Es
bueno escudriñar nuestro corazón, pero es mejor
tomar decisiones de corazón.
No
obstante, si en lugar de obedecer, nos escondemos entre las ovejas
y abandonamos a nuestros hermanos en la lucha contra los lobos,
dejándolos solos y cargados de trabajos, no somos más
que cristianos de chocolate.
Hace varios años resolviste ir al África por Cristo.
¿Dónde estás ahora? ¿En Inglaterra?
¡Sí! ¡Sí! ¡Caramelo! “¿Por
qué te quedaste entre los rediles, para oír los
balidos de los rebaños? Entre las familias de Rubén
hubo grandes propósitos del corazón”. (Jue.
5:16)
CHOCOLATES
A LA MEROZ
Hay
“chocolates a la Meroz”, que son como aquellos que
merecieron la maldición del ángel del Señor.
La
guerra se declaró, la batalla estaba por empezar, las esperanzas
eran minúsculas y Meroz se quedó en Inglaterra para
asistir a unas convenciones hasta que terminó la contienda.
Luego
salió cómodo y seguro como un turista. Sin duda
decía: “No podré luchar sin antes estar debidamente
preparado. Además, hay tanto que hacer en la abundancia
y plenitud de Meroz, y sabemos que alimentar un rebaño
de ovejas gordas siempre se ha considerado el entrenamiento perfecto
para la guerra”, ¡Como si el mejor entrenamiento para
un soldado fuera el de ponerse en el papel de niñera!
“Maldecid
a Meroz, dijo el ángel de Jehová; maldecid severamente
a sus moradores, porque no vinieron al socorro de Jehová
contra los fuertes”. (Jue. 5:23)
CHOCOLATES A LA BALAAM
Los
“chocolates a la Balaam”, empiezan como de primera
clase y son conocidos como profetas. Luego, comienzan a desviar
la mirada y se derriten. Finalmente, salen huyendo de la sartén
y caen en el fuego, como Balaam.
Un
día, su ojo izquierdo no pudo mirar hacia Dios. Estaba
observando el mundo y sus riquezas, y a esa chica, la señorita
popularidad. Él debería haber hecho lo que Dios
le dijo, sacarse el ojo, pero decía que eso era demasiado.
Además, quería lo mejor de ambos mundos. Deseaba
de todo corazón morir como un justo, pero no estaba dispuesto
a pagar el precio de una vida justa. No se atrevía a maldecir
al pueblo de Dios, de manera que trazó planes para que
otros los llevaran a cabo por él. Pero un día, cuando
sus siervos estaban haciendo los preparativos, Balaam cayó
junto con ellos (Ver Nm. 22-24)
“Te
aconsejo que unjas tus ojos con colirio para que veas, que vuelvas
a tener una mirada clara y te des cuenta de lo necio que es coquetear
con el mundo” (Ver Ap. 3:18)
CHOCOLATES
A LA DEMAS
Este
“chocolate a la Demas” abandonó al candente
y ferviente Pablo por seguir otro sendero menos peligroso. Pensaba
que Pablo debía tolerar el pecado o fingir no verlo, para
no tener que reprenderlo, pues ¿sabes? “Era tan aficionado
al cuchillo que nunca usaba vendajes pues decía que no
sanaban, sino que hacía crecer la llaga por debajo, la
empeoraban, la agrandaban y la hacían más peligrosa”
(Ver 2 Ti. 4:10)
JUAN
Una
vez, se afilió a la Brigada de Chocolate. Dejó a
Pablo y a Bernabé sin apoyo, y regresó a Jerusalén
para recuperarse. Se fue a un “retiro espiritual”.
Gracias a Dios pronto se hartó, se apartó, y volvió
a entrar en el ejército del Señor para ser un soldado
útil. (Ver Hch. 13:13)
NAUFRAGOS
Muchos
jóvenes admirables se convierten en chocolates a causa
de viejos profetas. Viejos Profetas que han perdido el fuego o
que abundan en palabras pero no en hechos, con frecuencia se vuelven
grandes fabricantes de chocolate. A aquel joven varón de
Dios que amonestó a Jeroboam le iba muy bien mientras obedecía
sólo a Dios, pero todo terminó para él cuando
escuchó otra voz, aún cuando fue la de un viejo
profeta. Luego: ¿No dijo el viejo que él era profeta,
y que había recibido el mensaje directo de Dios? ¡Qué
gran mentira! La senda del cristianismo está plagada de
fracasos producidos por viejos profetas. Dios no soporta las necedades
de nadie. (Ver 1 R. 13) Todos tienen que escoger entre Cristo
y Barrabás, así como cada cristiano tiene que escoger
entre Dios y algún viejo profeta. Es mejor ser un burro
tonto ante los ojos de uno de esos viejos profetas, que escuchar
sus lisonjas y adulaciones, y terminar siendo un náufrago.
“Este es mi Hijo Amado, escuchadle a Él”. “Tienes
unción de Dios, y no necesitas que nadie te enseñe”
(ver 1 Juan 2:27) Dices que crees en la Biblia, pero ¿desmienten
tus hechos, tus palabras?
LOS DIEZ ESPIAS
Todos
eran de chocolate. Se derritieron y luego se derramaron por toda
la congregación de Israel, produciendo crema de chocolate.
“Blanditos” que temían enfrentarse al fuego
y al agua que quedaba por delante. Dios los puso otra vez en la
sartén y los dejó hervir por cuarenta años
en el desierto, y ahí los dejó. El no utiliza chocolates.
No es que subestime las cosas pequeñas, sino sólo
a los que son “chocolates” pues él dijo: “Sus
pequeños heredarán la tierra prometida que ustedes
han perdido por escuchar a los hombres y despreciarme a mí”
(Ver Nm. 13)
JONAS
Una
vez Jonás fue soldado de chocolate. Dios lo envió
al África, pero se fue a Liverpool, y se embarcó
hacia América. Afortunadamente, se encontró con
una tempestad y un gran pez, que después de tres días
de instrucciones, le enseñó a orar y a obedecer,
y lo puso de nuevo en el camino correcto (Ver Jonás 1)
Nada
descubre tanto a los chocolates, como un pequeño torbellino
entre el pueblo de Dios.
Una
vez les llegó uno a Pablo y Bernabé... Hablando
por experiencia, creo que por ahí andaban algunos chocolates
que inmediatamente se confundieron. Antes, habían decidido
ir a los gentiles, pero esta “brisa” entre Pablo y
Bernabé les hizo vacilar. Si ellos no hubieran sido de
chocolate, seguramente habrían dicho: “Este asunto
entre Pablo y Bernabé, hace más apremiante mi acercamiento
a Dios, para hacer con mayor diligencia lo que Él me dijo
que hiciera, así que me iré a Africa todavía
antes y punto!”
Las
dificultades, peligros, enfermedades, muerte, o divisiones, disuaden
únicamente a los chocolates de llevar a cabo la voluntad
de Dios. Al oír decir que un león se opone, el verdadero
cristiano contesta pronto: “Eso sólo me anima, quiero
además uno o dos osos para que valga la pena ir”.
A
los chocolates les encanta hablar fuerte y prolongadamente contra
los llamados fanáticos. ¡Como si hubiera peligro
hoy en día de que existieran cristianos fanáticos!
Es tan raro encontrar fanáticos entre los cristianos, como
hallar al pájaro extinto “dodó”. Sería
más razonable quejarse de la “tibieza”. Al
verdadero pueblo de Dios siempre se le ha llamado fanático.
Decían
que Jesús era un loco, como también lo dijeron de
Pablo, Whitfield, Wesley, Moody, y Spurgeon. Nadie ha progresado
mucho en la escuela de Dios sin el cumplido de ser llamado “fanático”.
Nosotros, los cristianos de hoy, somos realmente un grupo tibio.
Con tan solo la mitad del fuego y el entusiasmo de aquellos defensores
del pasado, habríamos evangelizado al mundo entero y celebrado
el regreso de Cristo en menos tiempo. Sí fuéramos
tan resueltos y heroicos como los astronautas, o aquellos que
viajan a los polos, o que suben el Everest, o que llevan a cabo
cualquier empresa audaz, toda la tierra conocería el nombre
y la salvación de Jesucristo en menos de diez años.
¡Ay
de nosotros! Lo que conmueve la sangre de hombres comunes y los
hace convertirse en héroes, hace huir a la mayoría
de los cristianos como a una manada de ovejas asustadas. Muchos
militares arriesgan su vida a diario, a fin de adelantar su causa,
y aún contribuyen con sus propios medios, de tal manera
que avergüenzan a los cristianos, que generalmente decimos
que el enfrentarse a riesgos y luchar contra el destino es “tentar
a Dios”.
CARAMELOS
Caramelos
de chocolate “(chiclosos los llaman los niños)”
Dicen con su boca: "Yo voy Señor", pero se quedan
aferrados a su iglesia. La conquista, especialmente la de Cristo,
nunca se lleva a cabo en medio de la seguridad.
Con
demasiada frecuencia los cristianos reemplazamos la oración
por ver el partido. La oración es buena e indispensable,
pero cuando se utiliza en reemplazo de la obediencia, es sólo
una hipocresía alborotadora, un despreciable fariseísmo.
Necesitamos
de tantas reuniones de acción como de oración y
posiblemente aún más. Toda reunión ortodoxa
de oración comienza cuando Dios le dice a su pueblo: “Ora
para que sean enviados obreros a mi viña y tu ve hoy a
trabajar”. Y continúa cuando el cristiano responde:
“Yo voy a donde quiera que me mandes Señor, para
que tu nombre sea santificado en todas partes, venga pronto tu
reino y se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo”.
Pero si la reunión termina y nadie va a ninguna parte,
seria mejor no haber orado.
Así
como la fe, la oración sin obras es muerta. Por eso a muchas
reuniones de oración se les podría llamar “mucho
clamar, poco obrar”. Zorobabel no sólo tuvo reuniones
de oración, sino que salió a derrumbar árboles,
y empezó a edificar. Por lo tanto, Dios le dijo: “De
hoy en adelante te bendeciré”. (Hag. 2:19)
Se
dice que algunos han descubierto el secreto de los antiguos grandes
maestros. ¿Y no podemos los cristianos descubrir y poner
en práctica el de nuestro Gran Maestro y sus discípulos?
¡El heroísmo! El Señor y sus seguidores no
se preocuparon por sí mismos, sino que amaban la vida de
otros hasta la muerte y así los rescataban, perdiendo ¡hasta
sus propias vidas!
Estamos
gastando tiempo y dinero en múltiples convenciones, conferencias
y retiros, cuando lo que necesitamos es participar completamente
en el fragor de la batalla, ostentando la señal de combate
cuerpo a cuerpo.
La
“voz humana” juega un papel muy importante en nuestros
grupos y organizaciones cristianas de hoy en día, pero
la música es opacada cuando el que ministra no tiene “obediencia
inmediata” e “intrépida valentía”,
sin lo cual es imposible hacer sonar el “Acorde perdido
del heroísmo”.
“Hagan
lo que Él les diga”, dijo la madre de Jesús.
¿Hacer qué? No era poner especias y melaza en los
suaves recipientes sagrados que se encontraban dentro de la casa,
sino verter el agua de la vida en los de piedra que se encontraban
vacíos afuera.
Si
el vino se hubiera acabado, el matrimonio de Caná habría
terminado en vergüenza. El banquete de bodas de Cristo no
empezará hasta que haya suficiente mezcla de toda lengua,
linaje, tribu y nación. El suministro está asegurado
tan pronto se vierta el agua como mandó Cristo, hasta “lo
último de la tierra”. La desgracia de hoy es debida
a la renuencia de los siervos a hacer el trabajo de afuera. Todos
quieren servir adentro, vestirse bien, escuchar la predicación,
y agruparse en la despensa de una manera vergonzosa.
¡Empecemos
de una vez por todas! Por años hemos declarado que estamos
apunto de empezar, pero nunca lo hacemos.
Tenemos
que divorciarnos de Chocolate y Desobediencia, y casarnos con
Fe y Heroísmo.
“¿Quién
comenzará la batalla?” Preguntó el rey. “Tú”,
contestó el profeta (1 R. 20:14), y cuando el rey y los
jóvenes oficiales fueron rumbo a la guerra, ganaron con
una facilidad tremenda, a pesar del gran poder opositor. Así
también, los Apóstoles dirigieron el camino en la
guerra de Dios hacia las partes más remotas de la tierra.
El
llamado actual de Dios es a los jóvenes, hombres y mujeres
de todo el mundo; y a quienes se aplican así mismos el
nombre de Cristo. “El vino nuevo”, dijo Cristo, "tiene
que ponerse en odres nuevos”. Los odres viejos que se encuentran
mal etiquetados y remendados, son tan inútiles como la
Nueva Teología. No se pueden mover, pues se revientan de
orgullo y el vino se derrama en lugares equivocados.
Escuchen:
“Y en los postreros días, derramaré de mi
Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras
hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán
visiones (de fe), y vuestros ancianos soñarán sueños
(de obediencia valerosa); y de cierto sobre mis siervos y sobre
mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu,
y profetizarán; y daré prodigios arriba en el cielo,
y señales abajo en la tierra, y todo aquel que invocare
el nombre del Señor será salvo”. (Hch. 2:17-19,21)
Pero ¿Cómo invocarán a aquel de quien ni
siquiera han oído? ¿Te quedarás quieto tú,
joven? ¿No puedes ir tú jovencita? Verdaderamente
estamos en la última etapa, la de Laodicea, la iglesia
tibia.
¿Serás
tú compañero de Cristo en su trono, o serás
alguien que le produce vómito? (Ap. 3:21) ¿Serás
un militar o un cristiano de chocolate? ¿Temerás
o lucharás? ¿Irán tus hermanos a la guerra
mientras tú te quedas aquí? Cuándo El venga,
¿Hallara fe en la tierra? Miles de veces has admitido “Que
el amor de Cristo es tan asombroso, tan divino, que exige tu vida,
tu alma, tu todo”.
¿Serás
tan mezquino que niegues lo que la dignidad te exige? ¿Darás
tú como lo hicieron Ananías y Safíra, quienes
ostentando darlo todo, solo dieron una parte?
¿Poseyendo
y disfrutando de la viña, -tal como los viñadores-,
te negarás a pagar el arriendo acordado? ¿Temerás
tú a la muerte, al diablo, o a los hombres y no temerás
la vergüenza?
“Unos
resucitarán para vida eterna, y otros para vergüenza
y confusión perpetua”. (Dn. 12:2)
¿Rehusaremos
imitar a los héroes de aquellos tiempos, o lograremos el
doble cumplimiento de esas gloriosas palabras?
Todos
los guerreros vinieron con corazón puro, para coronar a
Jesús Rey sobre todo el mundo.
Todos
eran hombres valerosos para la guerra ¡El menor era igual
a cien y el mayor a mil! ¡No eran de doble corazón!
¡Sus rostros eran como los de leones! ¡Eran rápidos
como las gacelas sobre los montes! (Para cumplir los mandatos
de su Señor).
En
tiempos pasados procurabas que Jesús fuera rey sobre ti.
Ahora, entonces, hazlo Rey (Compárese: 1 Cr. 12:8, 33,
38; 2 S. 3:17-18)
Contestemos:
“Somos tuyos, Jesús, estamos de tu lado. Así
me haga Dios y aún me añada, si como a Dios he jurado,
no hago y derroque el reino de la casa de Satanás, y confirme
el trono de Jesucristo sobre todo el mundo”
(Compárense 1 Cr. 12:18; 2 S. 3:10).
¡Vamos
entonces! Restauremos el heroísmo en el cristianismo: “el
acorde perdido”, y así devolveremos la corona del
mundo a Cristo.
El
mismo te pregunta: ¿Serás de los que fingen estar
enfermos o serás un militante?
¡Arrodíllate,
hombre, toma tu Biblia! ¡Decídete ya! ¡No pongas
mas excusas! ¡El tiempo vuela! No insultes mas a Dios, deja
de consultar con carne y sangre. Desecha tu flojera y tus mentirosas
y cobardes excusas.
¡Afíliate!
He aquí los documentos y el voto de lealtad. Tacha un lado,
y firma el otro ante la presencia de Dios y el ángel registrador...
De
ahora en adelante:
Para
mí el
Vivir
es Cristo y el
Morir
es ganancia.
Seré
un militante.
Seré
un hombre de Dios.
Me
arriesgaré por Cristo,
Y
seré un héroe
Firma:
____________________ |
|
Para mí es más fácil
Ser
de chocolate,
Ser
tibio.
Fingir
enfermedades.
Ser
un hijo de papi y
Mami
Excusarme
a mí mismo
Ser
un charlatán.
Firma:
____________________ |
| Para
ambos casos las promesas de Dios son firmes: |
|
|
“He
aquí estoy siempre con vosotros”
|
|
“Te vomitaré de mi boca” |
Dios
Bueno:
Llénanos
del Espíritu Santo y fuego;
Sánanos
de esta terrible plaga de enfermedad del sueño
y
de este loco sonambulismo,
para
que mientras oramos sin cesar,
sea
santificado tu nombre en todas partes
y
venga pronto tu reino.
Hágase
tu voluntad, como en el cielo,
así también en la tierra.
¡Amén
y Amén!
BIOGRAFIA
Carlos
Studd nace en el año de 1861 y su juventud la vivió
en el Condado de Witshire, Inglaterra; su casa era una cómoda
mansión en la que vivía con sus padres y Hermanos.
Desde que estaba en la secundaria practicaba el cricket, un deporte
con mucho auge en Inglaterra en esos tiempos, logrando ser el
mejor jugador de Inglaterra.
Su
mayor desempeño en este deporte lo logró en 1882,
cuando sólo tenía tres años de haber ingresado
a la Universidad. En 1883 es considerado el primer jugador de
Inglaterra.
Disciplina:A
pesar de que casi se aproximaba a los 70 años, seguía
conservando los hábitos de su juventud. Se despertaba a
las 2:30 o 3:00 de la mañana para orar y leer su Biblia.
Como director de la misión, dedicaba su tiempo a la contestación
de correspondencia y a la predicación. Su jornada de trabajo
era de 18 horas diarias. Todos los fines de semana salía
a predicar en un viaje que duraba 5 horas a través de la
selva. Arribaba a la aldea nativa alrededor de las 6 de la mañana
para comenzar una actividad que se prolongaba hasta el miércoles
o jueves de la semana siguiente, para después regresar
a su “casa”, si se podía llamar casa a una
choza donde sólo había una cama, un estante de libros
y nada más. A esa edad tradujo el nuevo testamento al kingwana.
Actividad
Misionera: CHINA.- En el de 1885 parte junto con otros misioneros
a la China. Hace una labor misionera que dura 10 años y
regresa a Inglaterra. ESTADOS UNIDOS DE AMERICA .- En 1896 emprende
un viaje a Estados Unidos de América, donde reside por
espacio de 18 meses. INDIA.- En el año de 1900 se va a
la India 6 años y regresa a Inglaterra. AFRICA.- En 1910
emprende una gira misionera al interior de Africa que dura casi
5 años. Regresa por ultima vez a Inglaterra de donde parte
sin esposa y sin hijos para establecerse en el Africa hasta el
año de su muerte en 1931.